viernes, julio 02, 2010

DE LLUVIAS Y LLANTOS... DE MI


No sé por qué la lluvia provoca esto en mí; pero es muy cierto que hay días de lluvia en que mi ánimo cae por un tubo, tan rápido como caen las gotitas de agua sobre el pasto que puedo ver desde la ventana de mi dormitorio.

Será que mi mente asocia algunos episodios tristes con la lluvia que ahora mismo cae y choca contra el vidrio de la ventana, o será que más bien es el agua, que hace parecer que el mundo se vuelve más lento; no sé, pero son estos días en que ésta cae a cántaros, cuando más quieta quiero estar. Cae, cae, cae, cae. Choca contra el techo, rítmica armonía, y se desliza suavemente por los costados de la casa... llegando hasta el suelo y hundiéndose entre la tierra, el pasto; rebotando sobre el cemento, para seguir un camino incierto que me gustaría descubrir.
Cae, cae, cae. Goterones, gotitas, gotas; y me da por pensar en la fiesta que han de tener los muchos caracoles que sé habitan en el jardín de la casa. Cuando pasa la lluvia y se siente ese rico olor a tierra húmeda... que parece estamparse en la punta de mi nariz helada, es cuando estos bichitos comienzan a salir como si brotaran del mismísimo suelo.
A veces, cuando por el contrario, estoy de buenas escuchando y viendo cómo cae la lluvia, me da por querer charquear. Sí, ir de charco en charco y chapotear un poco... sintiéndome niña otra vez, como antes, como cuando la lluvia no podía entristecerme.
Cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae, cae. Y es tan triste...

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