La inspiración se fue detrás de sus pasos…
tratando de dibujar sus huellas, por última vez
para que al pasar los años
y un día quisiera volver
reconocerle las pisadas sin olvidar sus detalles.
La inspiración se fue detrás de sus ojos...
cuando decidió salir a explorar el mundo
y se le olvidó que un corazón sin poesía
se desmorona entre el sol y la luna;
a la inspiración le valió madres la fidelidad
cuando supo que entre esos brazos,
ya no despertaría la piel con olor a durazno
de la febril juventud
calentando las madrugadas y deslumbrando unas líneas.
Así, se murió de a poco
y sin alimento, la musa de los versos
abandonada por la inspiración, que quiso
seguirle los pasos, hasta el fin de los tiempos
EL pasado viernes 17 de septiembre al rededor de las 11:00am me encontraba entre dos mundos. Y me decidí por publicar lo siguiente en mi Feisbuk:
Es una guerra, la moral contra el placer.
triste lluvia, dolorosa lluvia... maldito huracán. Me causa algo de culpa el placer que siento al ver, oler, sentir, oir las láminas que van crujiendo al chocar el agua en ellas. Y la tierra morfosea de polvo a barro... "polvo eres y polvo has de ser"; pero hoy soy barro y me gusta ver llover.
entra agua y tierra...
Cuatro horas más tarde, la madre naturaleza no se hizo esperar, y más o menos mi casa quedó asi:
Como a todo adolescente
a que dado gravado en mí
aquella primera vez.
Recuerdos que mis dedos deseosos
Buscaban acariciar tu figura
Mientras mis labios
sentían por primera vez
el sabor de lo prohibido
¡...me harías mujer!
Cuantas chicas de mi edad
te habrían deseado, y yo
... y yo podría sentirte
jugueteando con mis labios,
nerviosa y asustada, lo reconozco,
pero con ansias de seguir.
El tiempo y el apego
fueron labrando una historia de amor…
me acostumbre a ti,
Y allí si... siendo presa de la tentación
Te tome con calma
Te acaricie lentamente con mis manos
Sintiendo el ardiente sabor de tu aroma
Escurriéndose en mis labios,
Te gocé, te sentí como a nadie,
Dándote un lugar preferencial
Junto a mi corazón,
Ocultándote frente a mi familia,
Pues sabía que era muy peque para ti.
A pasado mucho tiempo... sabes
el día supuesto por años ha llegado,
Es el momento del adiós,
Pero antes déjame agradecerte...
Has sido muy importante en mi vida,
Conociste como nadie mis deseos
Compartiste mis secretos, mis lagrimas
Mis alegrías,
Jamás me dejaste sola
Siempre... pero siempre
Con tu nexo inseparable
Ese viejo encendedor.
No sé por qué la lluvia provoca esto en mí; pero es muy cierto que hay días de lluvia en que mi ánimo cae por un tubo, tan rápido como caen las gotitas de agua sobre el pasto que puedo ver desde la ventana de mi dormitorio.
Será que mi mente asocia algunos episodios tristes con la lluvia que ahora mismo cae y choca contra el vidrio de la ventana, o será que más bien es el agua, que hace parecer que el mundo se vuelve más lento; no sé, pero son estos días en que ésta cae a cántaros, cuando más quieta quiero estar. Cae, cae, cae, cae. Choca contra el techo, rítmica armonía, y se desliza suavemente por los costados de la casa... llegando hasta el suelo y hundiéndose entre la tierra, el pasto; rebotando sobre el cemento, para seguir un camino incierto que me gustaría descubrir.
Cae, cae, cae. Goterones, gotitas, gotas; y me da por pensar en la fiesta que han de tener los muchos caracoles que sé habitan en el jardín de la casa. Cuando pasa la lluvia y se siente ese rico olor a tierra húmeda... que parece estamparse en la punta de mi nariz helada, es cuando estos bichitos comienzan a salir como si brotaran del mismísimo suelo.
A veces, cuando por el contrario, estoy de buenas escuchando y viendo cómo cae la lluvia, me da por querer charquear. Sí, ir de charco en charco y chapotear un poco... sintiéndome niña otra vez, como antes, como cuando la lluvia no podía entristecerme.
Me siento pulgarcita recién salida del cuento:
Pequeña y atontada delante de tu cuerpo;
Yo siento que la vida se ríe de mí en la cara,
Tan grande paraíso…
Con tu amor es suficiente
Ya no quiero más dolor
que no se cura con alcohol.
Yo ya ni duermo
ni cómo ni bebo,
me mustio por dentro…
me mata el silencio
no quiero…
no quiero servirte vida mía de cenicero.