Una sola
Tú justificas mi existencia:
Si no te conozco, no he vivido;
Si muero sin conocerte, no muero,
porque no he vivido.
LUIS CERNUDA
Cuando abordó el autobús que lo llevaría a Xalapa para ofrecer una ponencia sobre “la relación vida-arte en la obra de Thomas Mann”, lamentó haber olvidado en su maleta la pluma fuente con la que, supersticioso y desde hace algunos años, escribe todas sus notas. Al intentar bajarse para suplicarle al chofer que por favor, que es muy importante, un río de adultos y niños excitados por el viaje lo fueron arrastrando hasta el final del autobús, le impidieron seguir pensando en lo que haría sin su pluma, en lo inútiles que se volvían ya su cuadernos de notas, Muerte en Venecia y el extraño libro de Cortázar que no conocía y que había comprado poco antes de abordar el autobús, cuando una mujer visiblemente en duelo te detuvo, te preguntó (pero esa pregunta era una manera cortés de aseverar) si eras escritor. Apenas pudiste responderle que sí, pero por dentro te vinieron ganas incontenibles de abrazarla, de pedirle que no llorara más. Sus ojos te miraban tierna y descaradamente de lleno, como esperando una comunicación desde otro plano y que tú coartabas mirándote las manos con pena.
-En qué puedo ayudarle -le dijiste sintiéndote culpable de su dolor, y de repente te vino la imagen idéntica de hace diez años cuando conociste a Elvira, cuando le preguntaste en qué podías ayudarle y el mismo extraño deseo de abrazarla y por favor no llore más. Te dijo que su marido había muerto en el autobús accidentado rumbo a Xalapa; que la habían llamado para recoger las pertenencias de su marido. Sus labios temblaban como conteniendo el ataque de llanto, la injuria, el nombre de quien le hizo el favor de estar casado con ella durante diez años, el escritor Ángel Luna, quien dictaría una conferencia sobre “la influencia de Faulkner en la novela hispanoamericana”. La abrazaste, y ahí comenzaría una relación que vendría a salvarlos de sus respectivas soledades, ella viuda y tú solo por el amor lejano. Sus diez años de matrimonio estaban sostenidos por una calma (insoportable a veces) que necesitaban, pero que los ahogaba en la más pantanosa monotonía, en la más aburrida comprensión. Elvira, maestra de literatura, y tú, el joven ensayista y poeta Miguel A. Lyuna, constituían la pareja perfecta, la conversación interesante, las lecturas, el cine, el teatro, los museos. Habían aprendido a quererse, a traspapelar en los recuerdos la imagen de Ángel Luna y Tania Borges, pero... siempre el pero, aunque a veces hicieran el amor deseándolo o quizá rieran juntos o caminaran abrazados, siempre estaba el pero.
Como la mujer absorta y con la mirada perdida, mejor dicho, con la mirada puesta en un recuerdo, volviste a ofrecerte:
-Disculpe, en diez minutos sale mi autobús a Xalapa, no me gustaría irme sin haber podido ayudarla.
-Mi marido murió hace unos días en el autobús que iba rumbo a Xalapa -dijo un poco apresurada, como con el ánimo de no causarte más molestias-. Me llamaron para recoger sus pertenencias de las cuales sólo reconocí dos: su cartera y su reloj, pero el señor de la agencia me aseguró que también venían con él este libro y un boleto hacia Poza Rica. Yo no los quiero, ya no quiero nada.
La mujer te extendió el libro y el boleto, los aceptaste un poco confundido, trataste de sacar dinero pero no te lo permitió, en cambio te dio un beso tan especial como el que te dio Elvira al despedirte, como el que te daría Tania Borges si hubieras llegado a Poza Rica.
Jorge Ramirez

3 mundos paralelos que me han visitado:
Wow!!! que onda, bueno, a mi me gustaria seber que es lo que pensas TU de esto, ojala y puedas contestar pronto,un besote, ciaop
Terrible cuento, pésimo, perdón. No entiendo cómo pude escribir esta porquería cuando la despedida es muy importante. Debo confesr que lo escribí con más desesperación que con inspiración, con más anhelo que con técnica, y también -no es justificación- que esta historia no era la historia planeada para este momento, la cambié, la otra me iba a llevar mucho más tiempo. Perdón, prometo intentar algo mejor, digno de ti, Tania Borges. Jorge
tu que crees que sea lo que yo pienso mary?? obviamente me gusta es mas, me facina.
y eso es para los dos.
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